Competitividad y profesionalismo

Siempre he sido una nerd. Me encanta aprender de diferentes cosas, desde muy pequeña leo, estudio y hago experimentos por mera curiosidad, incluso en mis tiempos libres. La curiosidad me ha permitido ser muy competitiva desde la carrera pero ahora también en mi vida laboral, tengo habilidades que muchos diseñadores de mi edad no han desarrollado: diseño web, bases de programación, configuraciones de servidores, marketing, analytics, etc. Yo creí que era uno de mis mejores atributos, junto con mi “buena actitud” frente a los problemas… yo creí que si aprendía más cosas, fuesen técnicas o “people skills”, era suficiente para ser buena candidata para cualquier empresa.

Pero me topé con pared.

No recuerdo exactamente qué platica escuche o quién lo dijo, pero pareciera que me aplastó un botón que me hacía falta desde hace muchos años.

A pesar de mi gran curiosidad, nunca he sido muy disciplinada. Sí, entré a clases de inglés muy pequeña, sí, también de pintura, de dibujo y de muralismo, también de cursos de animación y edición de video, empecé a estudiar japonés (hiragana y katakana) por mi cuenta, organicé mi propio curso de francés, empecé a leer libros de medicina, de historia, novelas, de filosofía, escribí comics, novelas, guiones, inicié proyectos de sitios web, blogs y más… pero sí, tengo que reconocer que me falta cierta constancia para continuar las cosas, porque desde mis 12-14 años creo que no he terminado nada de esas cosas…¿dónde dejé esos 10 años?, ¿donde desperdicié tanto tiempo?, ¿fue realmente tiempo desperdiciado? nah, tampoco es el extremo.

El problema es que me resulta muy sencillo entusiasmarme por las nuevas cosas y los proyectos recientes, pero siempre termino saltando a algo que me parece “más importante” en ese momento, no pienso más a futuro, no pienso en lo que realmente quiero lograr, no trabajo para lograrlo. Había estado viviendo sólo “por el momento”.

Obviamente, no hablemos de rutinas de gimnasio.

Y es que, la sola palabra “rutina” me causa malestar. Amo la libertad, la flexibilidad, la creatividad, lo inesperado. Amo hacer viajes no planeados a ningún destino en particular. Curiosamente, no me gustan las sorpresas. No me gusta estar esperando algo de alguién más, me come la angustia, las ansias, pero eso sí, me encanta indicar un rumbo y visualizar todas las cosas que puedan pasar.

Un poco raro.

Pero desde hace unas semanas me he puesto a reflexionar de mi profesionalismo. Sí, soy muy competitiva… y hay mucho camino por delante; quiero ser MÁS competitiva, quiero de una vez por todas hablar bien francés y japonés, quiero mis certificados y quiero dominar muchas más cosas…pero, ¿qué tan profesional y disciplinada soy?, si quiero solucionar todos mis problemas actuales ¿cómo le voy a hacer cometiendo los mismos errores todos los días? que generalmente solo son procrastinación.

Obviamente, requiere desempolvar mis habilidades de administración: plantear estructuradamente mis objetivos, poner en orden mis prioridades, optimizar mis recursos, hacer cambios y principalmente gestionar sabiamente mi tiempo, planear un poco mejor para lo inesperado, etc.

Suena un poco aburrido, pero poco a poco lo estoy logrando.

Siempre me planteaba mis objetivos más bien como “deseos”.

“Quiero un auto”

“Quiero publicar una novela gráfica este año”

Y si, me imaginaba ciertos pasos, pero generalmente eran un poco irreales y nunca tomaba en cuenta mis problemas del día a día. Afortundamente el año pasado solucione muchas de mis preocupaciones domésticas, por ello siento que estoy entrando a la mejor etapa de mi vida para lograr todo lo que quiero… y se siente bien.

Se siente bien ser competitiva, disciplinada y profesional al mismo tiempo. Todo está en orden, (casi) todo funciona como debería.

Quizás es madurez o vejez, pero creo que voy bien 🙂 .

 

 

 

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